Todavía ni armaste el bolso. Tu preocupación es que el libro quede armado. Te entiendo. Estamos saltando con los tiempos, la facultad está tomada y yo pienso, como en chiste, que bebió demasiado la pobrecita.
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Mis zapatillas están al lado de la cama. No las saqué de la caja. Están como muertas esperando ser estrenadas. Vos te fuiste a cortar el pelo y yo escucho Liliana Herrero, canta El tiempo está después. ¿Te acordas de todo lo que nos hace recordar esa canción?
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Te llevé la ropa al lavadero, fui a la imprenta. Al tipo de la imprenta le gustó que el libro tenga diferentes colores. Los miraba como a un objeto extraño. Quedaron lindos pienso. Se los mostré a Manu, el piensa como yo, que no hay que darle tanta bola a los detalles.
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Enero (diarios en verano) se llama el libro. Lo escribimos en Bolivia, en Luján y en Buenos Aires. También se escribió en Córdoba, una mínima parte. Mañana, jueves, nos vamos. Tengo ansiedad, como galletitas Express con mermelada de mandarina, esa que hizo Marga con las frutas de Carlos Keen.
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Mañana a las 9 30 de la mañana voy a estar frente a un curso dando clases, después iré al gimnasio y vendré a Capital. La Capital, como le dicen en Luján, como le dicen en provincia. Como si La Capital fuese un lugar inaccesible para las personas del interior.
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Carla, mi profe del gimnasio, me preguntó "¿te vas a Córdoba a un retiro?". Yo le dije "si, salgo de Retiro". "Ah no.... pensé otra cosa" me dijo. ¿Ahora creen que soy católico?
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20 libros. Con 20 libros nos vamos.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
jueves, 6 de septiembre de 2012
Nuestros lugares
Cuando estoy con vos me siento un nene. No me puedo enojar. Sos un cuerpo largo, flaco, morocho que se extiende al lado mio y me mira con ojos dorados, sí, esos ojos no son negros, son del profundo dorado, de ese dorado del que estás hecho. Yo nací para quererte toda la vida dice una zambita que cantamos juntos varias veces ¿y sabés qué?... Tengo ganas de que me muestres de nuevo nuestro norte, que nos subamos al cerro San Bernardo y que tomemos mate mirando a la linda, que vayamos una noche más a la Casona y que Abel cante Zamba del carnaval y que a mí se me escape una lagrima de vino y coca.
La semana que viene, quizás, nos encuentre en Córdoba. Nunca te fuiste de ahí y, a veces, en tus charlas, decís "acá en Córdoba" refiriéndote a Capital Federal. Yo te dejo, te entiendo. Córdoba fue la mejor parte de tu vida, quizás yo soy un simple ocaso de eso que viviste allá. Pero creo que también Córdoba tiene algo todavía familiar que no tiene Capital.
Buenos Aires, lo sabemos, es una bestia hostil con todos, mezcla de soledad, snobismo y no sé cuántas cosas más que la hacen bastante pedante y difícil. Por algo tienen el jefe de gobierno que se merecen. Pero eso no importa ahora. Lo que importa es que ya pasó mas de un año y que seguimos, los dos con varias kilos de más, con más panza, más canas, más recuerdos. Pensar que hace un año te ibas solo para Córdoba a festejar el cumpleaños con tu familia. Ahora, tu familia me espera y ya pensamos en cómo voy a hacer con mi terrible adicción al cigarrillo...
Ahora, en mi casita de Luján, te imagino buscándole el regalo a Mel, en un shooping, todo tan frívolo, tan distante. Hoy dormí todo el día, fui al gimnasio, di clases, tomé mates con Marga y Eduardo en la cama y tome mates solo en mi pieza. La pieza que nos vio mirando tele toda una tarde entera, jugando a estar de vacaciones en la casa de mis viejos y después está ese lugar, el lugar que quiero para mi vejez, para cuando todas las obligaciones se hayan disipado y sólo quede esperar: Carlos Keen.
Carlos Keen nos espera con el tilo que le regalé a mi vieja con mi primer sueldo, para hacer mates con yuyitos, para hacer dulces, comer mandarinas en invierno y frambuesas en verano. Te voy a contar un secreto: mi fruta preferida es la frambuesa, me gusta ese gusto ácido que tiene y que se te queden los dedos morados después de comerla.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Doliente aleluya
El mate está en el punto justo hoy. Mi vieja me dejó una Rhodesia en la mesa para cuando llegue del gimnasio. La canilla de la cocina gotea. No se escucha nada más y pongo Jeff Buckley para pasar este momento, se escucha un doliente aleluya y me doy cuenta que Buckley me gusta más por su vida que por su obra. Se murió nadando en un río, ahogado. Recién alcanzaba lo que ciertas personas llaman la fama, eso que te hace salir en todos los diarios y encontrar fotos de vos en todos lados. Yo estoy ahogado en vida pero quiero construir una catedral gótica con las palabras, que se semeje a un palacio encantado, con fantasmas que mueven cadenas, con raptos de locura consciente... ¿Y si me miro al espejo y les cuento que encuentro dos órbitas deshabitadas? Soy menos que ese fantasma que vivirá en mi palacio gótico de palabras. Me llegan sonidos de algún monstruo, ¿o será mi imaginación que escucha las ramas que se mecen con el viento?
sábado, 1 de septiembre de 2012
Realismo extremo
Boris Pasternak, un escritor ruso, iba a dar un discurso para la asociación oficial de escritores de la URSS, él había escrito un discurso pero antes de subir al estrado, un oficial de Stalin le rompió su hoja y se la cambió por otra. El llegó al estrado y frente a los micrófonos lo único que alcanzó a gritar, antes de que lo saquen de las narices, es "no se organicen".
Ser realista extremo conlleva una decisión imperiosa de soledad. Lo real es una invaginación de nuestro discurso, lugar inaprehensible y ahuecado de nuestras palabras. Es el culto al silencio de las obras de Beckett o la cavidad simbólica que divide las quimeras en la obra de Fijman. No vivimos nuestros reales desde la palabra, más bien la experimentamos en el caosmos en el que estamos sumergidos, en nuestros cuerpos a-morfos, más no disformes. Figura atonal, ruinosa. El ritmo del mundo es increíblemente más congestionado de variables que lo que podemos imaginar con nuestro lenguaje. En ese mundo no hay lugar para nosotros, los que valemos menos que una sombra, los que no nos intercambiamos ni nos subimos arriba o abajo del árbol del significado.
domingo, 12 de agosto de 2012
animal carnívoro
El domingo se extiende como un animal carnívoro a punto de destrozar a su presa. Brutal, interminable. Todos los caminos conducen a ningún lado. Todos los latidos se sienten en lo profundo. Cabalgar sobre nuestras asperezas para no ver la lenta solicitud de lo dado. ¿Somos del tiempo? Las palabras, como este domingo voraz, se pierden en la incertidumbre del susurro.
lunes, 2 de julio de 2012
El árbol de tilo
Con mi primer sueldo le compré un árbol de tilo a mi mamá. Mi papá lo plantó en el campo. Me acuerdo que me costó ochenta pesos, era flaquito, con dos ramitas y algunas hojas. Era primavera y lo subimos en la caja de la camioneta de mi vieja. De eso ya pasaron casi cuatro años. Hace cuatro años que trabajo en la docencia, que día a día me paro enfrente de un curso e intento enseñar lo que no sé, eso que se llama Prácticas del Lenguaje para los diseños curriculares.
A veces me siento raro, no entiendo qué fue lo que me hizo sentirme bien al estar al frente de una clase, con la responsabilidad que eso conlleva. Hay veces que pido demasiado y otras en las que no estoy tan exigente. Lo que pasa en cada curso es maravilloso, es alquimia pura. Hoy un alumno me abrazó y me dijo que no quería que me vaya, se hizo, en joda, el que lloraba. Me reí mucho. El alumno se llama Cristian y es el segundo año que lo tengo, lo tuve hace cuatro años, en mi primera suplencia. El pasado siempre vuelve y es impresionante reencontrarse con ciertos pibes, cruzarlos en la calle.
Hace unas semanas me crucé con una alumna que ahora es mamá. Yo me iba para Capital, esperaba el colectivo en Belgrano y Mitre, todavía no hacía frío, así que debe haber sido en abril. Me contó que tuvo un bebé sietemesino, que lo tenían en la incubadora. Me acordé que se puso de novio, el año que yo la tuve, con un chico del curso, el Pocho. Yo quería que el Pocho termine el colegio y que escriba, que sea escritor, el también quería. Le gustaba el periodismo, le gustaba escribir desde su experiencia, hablaba de los jóvenes y cómo se los criminalizaba con una coherencia que daba miedo al militante mas entrenado.
Esas cosas pienso ahora, que vuelvo cansado, que enciendo la compu después de un día de trabajo.
jueves, 21 de junio de 2012
Entre la hipérbola y el hipervínculo el Libro de Sombras de Mariano Massone, algo que no se vuelve dibujo y que, sin embargo, todo el tiempo se está dibujando, desdibujándose.
Por Romina Freschi
Me causa un poco de gracia venir aquí a hablar de un libro en
el que tengo, entre otros, el rol de personaje.
Aparezco allí con nombre y apellido, y en cierta medida, se me adjudica
también, voz y autoría. Estar aquí entonces me pone en un lugar no extraño pero
sí demasiado al descubierto, me pone en el lugar de lo obvio, ya que estoy
puesta aquí para representarme a mí misma, sea lo que sea que eso significa.
Como cierta clase de programa o una aplicación, corre
entonces la representación aquí. Y llegado este punto, es en cierta medida,
también un alivio. Puedo habilitar algún grado de “suspensión” de mis otras
facetas suponiendo que sé exactamente cuáles son ellas, y dejar correr esta aplicación
aquí, un self digital, ser “La”
Romina Freschi, como leí por ahí en Facebook, que es también una aplicación.
Igual nada de esto es extraño tampoco a la hora de hablar del
libro de sombras, o de Mariano Massone, su personaje principal y el autor, mi
alumno, mi amigo, mi hijo, mi colaborador, un plebello, y, como se lee en la solapa, poeta, ensayista,
brujo, pampeano y saltimbanqui, más todas los programas o sombras que le
conocemos, le adjudicamos y las que no.
Digo, no es extraña la representación. Primero pienso en las
sombras chinescas. El teatro de la vida y la sombra de lo que es Oriente aquí
en el Sur, y una serie de papeles asignados a partes del cuerpo en el teatro de
sombras, a partes del cuerpo y de la psiquis en el teatro de la vida, o partes
del papel mismo en el pliegue de un origami.
Como un breviario entonces de guiones o protocolos de la vida
moderna, aparecen y desaparecen los roles en esa especie de diario de hace más
o menos un año y que se halla además cruzado por un río interior. El diario
comienza justamente el 14 de mayo, día de cumpleaños de mi perro John Lennon, y
apenas pasada una quincena de la noche de Walpurgis y del día del trabajador. Más
o menos como hoy pero hace un año.
Por un lado entonces, la suspensión del poeta y su voz
propia, por otro lado el narrador repleto de voces.
Tantas voces hacen un libro mudo – esa imagen en la tapa
- y un libro de sombras – que es también
otra clase de representación, un libro de dibujos – otra vez el mutus liber en
La Rochelle, pero también, la idea gráfica de la representación, y su base: la
perspectiva: dos líneas paralelas que se unen en el infinito, como la ciencia y
la religión se unen en la alquimia, y como el plano hiperbólico del universo
puede comprimirse en el interior de un círculo.
Es aquí donde evidentemente me represento a mí misma, leyendo
este libro de sombras de Mariano como si se tratara de un hiperredondel, de los
míos.
Pero también se puede leer como uno de los grabados en madera
de M.C. Escher, (Maurits Cornelius aunque estoy tentada de llamarlo Em Ci
Escher). El grabado se llama Límite Circular I.
No es tan conocido como el de las manos que se dibujan unas a otras, y
que en este libro también nos sirve mucho para leer el entramado de voces y de
las imágenes.
De mucha de la obra de M. C. Escher se dice que representa el
pensamiento matemático moderno, y dentro de él la geometría hiperbólica. Límite
Circular I es básicamente un redondel, je,
y en él vemos una infinidad de peces que parecen apretarse a medida que
se acercan a la frontera del círculo que las contiene. Los peces están
dibujados en blanco y negro con ojos del color opuesto, como en el ying y el
yang, solo que los peces tienen formas angulares, a no ser por los ojos que son
redondos.
Dice Roger Penrose en relación a esta imagen:
Imagínese que usted es
uno de los peces. Entonces, ya esté situado próximo al borde de la imagen de
Escher o próximo a su centro, el universo (hiperbólico) entero tendrá la misma
apariencia para usted. La noción de “distancia” en esta geometría no coincide
con la del plano euclídeo en cuyos términos ha sido representada. Cuando
miramos la imagen de Escher desde nuestra perspectiva euclídea, los peces
próximos a la frontera parecen hacérsenos minúsculos. Pero desde su propia
perspectiva “hiperbólica”, los peces blancos o negros piensan que tienen
exactamente la misma forma y tamaño que los que están próximos al centro. Más
aún, aunque desde nuestra perspectiva euclideana exterior ellos parecen
acercarse cada vez más a la propia frontera, desde su propia perspectiva
hiperbólica dicha frontera siempre queda infinitamente lejos. Ni el círculo
frontera ni nada del espacio “euclídeo” exterior tiene existencia para ellos.
Su universo entero consiste en lo que para nosotros parece estar estrictamente
dentro del círculo.
Dice Mariano Massone en el Libro de Sombras
El ojo que antes
miraba de un modo, hoy es una esfera. Volviéndose sobre sí mismo es
espectador de un tiempo que no es repetible, de un ojo
que no es repetible (mirada tornasolada que
subleva el espacio)
y otra vez, la voz que se escucha no es mía.
La voz se vuelve candor, se despliega de mí
como si fuese un pez que vive en mi estomago y que
sólo se puede descifrar bajando a mi profundidad
por una roldana y un balde: Aljibe que hay en mí,
que contiene a un pez que habla por mí.
(Pez halado a mí…)
Un círculo el ojo, el estómago, el aljibe y el balde. Todo el
cuerpo una vejiga de pez donde también puede vivir el pez. Un círculo es
también lo que contiene la estrella de 5 puntas de múltiples significados
esotéricos y matemáticos, y que Mariano elige para representar su primer
diagrama sobre Maestro y Margarita de Bulgakov, otro de los polos del sistema
de lecturas que es también el libro de sombras.
He aquí lo hiperbólico, en el espacio de la curva del libro,
en el semicírculo que abanica al abrirlo, la generatriz de un sistema de
lecturas. Literarias y no. Solo literarias en la medida en que hoy las leemos
en el libro de sombras. Ejemplo de esto es cuando leo mi nombre en el libro, yo
sé que existo fuera de él, y al mismo tiempo, comparto esas reminiscencias,
como se puede compartir una lectura, una visión, una perspectiva. Ahí la hiper
bola, una pelota, otro redondel.
¿Acaso mirarán por la
mirilla estos animales, que / en su inteligencia, se nos escapan? Así como peces hiperbólicos vistos
desde una perspectiva euclideana, o como un matemático fuera del círculo visto
por los peces hiperbólicos dentro del círculo, así a veces parecen verse
algunas de las puntas de este libro. Su proliferación y su modo de arrimar el pensamiento al sentimiento
ponen en cuestión la distancia.
Si al principio lo que era Suspensión no parece tener nada
que ver con el ritmo hiperkinético del diario, al final del libro no sabemos
cómo hacer para separarlos el uno del otro. No
hay suelo, repite el texto. La grieta
también conecta lo desconectado.
Así las superficies, y el espacio (la calle o el espacio
cósmico) solo requieren ser atravesados. No hay otra clave para la experiencia,
o para la experienciación, palabra
diseñada por Mariano. No hay otro modo de leer ni de vivir más que atravesar, y
el atravesar implica de por sí lo transitorio. El tránsito, lo trans. Hoy que
tenemos ley de identidad de género, lo real es que todos somos trans. ¿Cómo
vivir de otro modo el apasionamiento? En lo trans es donde transcurrimos, y
armamos secuencia, vida, amistad, bola, nos damos bola.
Cito a Mariano, pero en El
cuchillo de Abraham.
Esta transferencia es
infinita e indefinida. No hay límites para lo trans. Lo trans persiste ante la
masacre de las coagulaciones. Es que en el tránsito, en la transfiguración
translucida, en la transmutación los elementos del lenguaje van desarticulando
aquello que no muestra el Verbo. Sólo hay muestra y, en el fondo, hay fondo
pero sin forma ni fondo. Ese es lo que se llama pasión: sólo se encuentra lo
que se muestra y en lo que se muestra no está. Por eso, la pasión incide en la
redención. Ninguna redención salva a nadie de nada, simplemente lo envuelve
tras otro velo, lo refugia en otro estadío.
Recuerdo cuando Mariano llegó al taller hace algunos años.
Para él son muchos, para mí no tanto, aunque cuando miro fotos me doy cuenta de
que sí ha pasado mucho tiempo, mucha agua bajo el puente, y mucho
apasionamiento en cada una de nuestras vidas. En ese momento, me pareció un
cachorro y durante años lo llamé cachorro. En estos días, mientras me preparaba
para hoy, pensé que al llamarlo cachorro lo estaba llamado un “cacho rró”. O
sea un cacho de mí.
Y sí, yo adoro a los perros, y así como soy un personaje del
libro de Mariano, John Lennon y Julia, mis perros, son personajes de mis
poemas, e incluso de poemas de amigos. Mis perros fueron y son un modo de la
maternidad. Durante mucho tiempo acariciamos con Mariano la idea de una mutua
pertenencia a través de esa relación perruna, de esa continuidad no genética,
aunque sí generativa.
Como todas las maternidades, por suerte, ésta tampoco es
lineal, sino que revierte y si bien sé que
Marian aprendió mucho de mí- porque así dicta el rol para los dictadores de
talleres y sus talleristas y para las directoras de revista y sus colaboradores-
lo cierto es que yo aprendí- y aprendo-
mucho de él. Crecemos los dos hasta ser cachorros juntos.
En esa transferencia no exenta de narcisismo se juega en gran
parte nuestro hipervínculo. Somos peces que piensan que tienen exactamente la misma forma y tamaño aunque de afuera nos
vean tan distintos.
Dice Mariano
Mi voz, espiral de
voces,
Ladra el aliento que
otros creen ilusorio.
Guau Guau!
Escrito para la presentación del Libro de Sombras, en mayo
2012
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