martes, 19 de junio de 2012

vida en minúscula III

 Siempre me voy a acordar de ese lunes. Me levanté a las ocho, no estaba solo. Tenía que sacarme sangre para esos estudios que me hago cada tres meses. Tenía los ojos pegados, llenos de lagañas, el pelo despeinado. Me cepillé los dientes y tomé dos vasos de agua - siempre tomo algo por más que tenga que hacer ayunas. Me subí al colectivo, bajé en Gascón y Coronel Diaz. Ahí, en esa esquina, como si estuviese bailando una zamba de despedida, se perdió una parte de mí. Fumé un pucho pensando que, quizás, todos los momentos de la vida se van así de rápido.

sábado, 16 de junio de 2012

vida en minúscula II

Volver un viernes a la noche de la clínica en auto. Sentir las calles de Luján vacías. "Quizás, algún día, pase algo en esta ciudad" pienso. Manejo lento, pausado, como no queriendo llegar a mi casa. Paso por una estación de servicio y compro un chocolate. Busco algo que cambie la situación, la condición de vivir una vida silenciosa en una ciudad silenciosa. La radio canta "y es que esta es mi corteza donde el hacha golpeará". Pienso en los que se fueron, en los que están, en los que vendrán. Me siento una hormiga en el vacío inmenso de un pueblito del interior. Sueño con viajar, con irme a otra ciudad, con conocer gente nueva, con armar nuevas relaciones. Pienso en mis viejos, en mis tratamientos, en la facultad, en mi trabajo, en la gente que me quiere. Pongo en la balanza y decido qué hacer, pero postergo. Soy suspenso en un pueblo a la una de la mañana, dormido.

viernes, 15 de junio de 2012

vida en minúscula

Vuelvo de Capital a Luján a la madrugada. Llevo conmigo dos revistas Plebella 25, una biografía sobre Arthur Rimbaud, una colección Color Pastel y un regalo de Romina. No duermo en todo el viaje. Es imposible dormir. Muchas cosas. Ayer encontré puntos de contacto con algunas personas. Mónica me dijo que el problema es que Venus no está en su sitio. Lo mío es más terrenal pero le creo igual, puede ser una de tantas cosas que pasan. Miro por la ventana del colectivo y veo como me voy convirtiendo en tierra adentro, en llanura. Las casas se van haciendo cada vez más bajas hasta desaparecer por completo. No puedo leer, el colectivero apagó la luz. Cuando llego a Luján todo es desolación, un auto pasa a lo lejos, escucho el ruido. Abro la puerta de mi casa, enciendo la computadora. Nadie en ningún lado. Son las tres de la mañana y me encuentro completamente solo. El mundo duerme allá afuera.

martes, 12 de junio de 2012

Filosofía barata y zapatos de goma

Volví a escuchar un disco de mi adolescencia. Me doy cuenta de lo mucho que sangra ese disco, de lo que sangro. Miro por la ventana como esperando, pero no es eso. Me acuerdo que un lunes a la mañana te dije que me iba a ir, me llevé la carpa, la marmita y toda mi ropa. Nos despedimos con una sonrisa (esta mentira te hace feliz, quise quedarme pero me fui). No fue en la terminal y no estaba descalzo. Fue en plaza Once, a las 8 de la mañana cuando di un paso hacía la lejanía. Sin darme cuenta, quizás, estaba viéndote por última vez. ¿Por qué siento eso? "La palabra se entrecorta" dice un personaje de un cuento-poema que estoy escribiendo. Es eso. Antes de llegar a Once casi vomito en el 105. Casi saco afuera, como la noche antes, todo lo que tenía de más íntimo. El tiempo paso. Ahora estoy acá, en piyamas, de la cama al living, como otro cd de mi adolescencia. El tiempo es una herida, nací para nacer y no salir con vida - es verdad Charly, es verdad. Pensar que el último recital que fui con él vi la decadencia tuya en el escenario. Me tuve que bajar del 105 y tomarme un taxi porque sino iba a ser muy feo lo que podía llegar a pasar. Cuando llegué a Luján, me di cuenta: me había ido, me traje de una vez por todas la carpa y la marmita.


(puedo aterrizar en la oscuridad)

domingo, 20 de mayo de 2012

Sin mucho para decir

No sé vos pero yo estoy así. Te miro dormir al lado mío. Mis ojos están rojos, creo que hace un rato lloré. Creo, también, que vos me viste llorar. Escribo y no tengo mucho para decir. Es raro lo que siento. Como si estuvieses acá y a la vez lejos. En el fondo, no hay forma ni fondo. Quizás un vacío que es el que me genera estas impresiones apabullantes. No tengo por qué mentirte, no te miento. Sabés todo lo que querés saber de mí, también mi dolor. Hoy el domingo se vuelve hojas de otoño que se caen con el viento. Afuera un bebé llora, un auto pasa, un hombre le dice algunas indicaciones a su mujer antes de entrar al auto. Afuera, quizás, para vos, esté la vida. La mía se pierde a cada instante.

viernes, 18 de mayo de 2012

Ley de identidad de género

Estar en la calle con vos es la felicidad. Salir a la calle, poner el cuerpo. Recuerdo ahora que nos encontramos ese día enfrente al Congreso. Vos me encontraste, me diste un beso. La calle estaba cortada. La bandera multicolor flameaba y sentía que era todo un cuento de hadas. No estábamos muy bien pero el día pudo más. Nos sorprendimos con Aníbal Fernandez y su relato de Stonewall. Aplaudimos y abucheamos. Compramos cervezas y patys. Los policias cuidaban a las travestis y cortaban la calle. Las chicas lloraban, los chicos se abrazaban. Nos sacaron una foto en la que estábamos besándonos. Al otro día la encontraste en facebook y me la mandaste.

lunes, 7 de mayo de 2012

Un relato como fundamento

Dame un relato como un fundamento para entender mi amor. Hoy, con este otoño que se vuelve frescor que no enfría. Una guitarra me muestra un arpegio liviano que vuela desde los parlantes de mi computadora hasta tus oídos, lejanos. Hay una melancolía suave en el ambiente, como si fuese música funcional que nos invita a bailar suavemente un swing que venía acelerándose demasiado. No puedo pensar rápido. Mis dedos se frenan en cada punto, es más que una respiración. Cada punto es un abismo. Vuelvo sobre mis cosas, mi lugar, mis afectos. Te miro de lejos, quizás, para encontrarme con vos de otra manera, igual. Miro las fotos que tengo tuyas. Las repaso como si tuviese que rendir un examen: tu flequillo, tu nariz, tu piel color oliva, tus brazos flacos y largos. Estamos agotados de tanto jaleo, lo sé. Mi dolor es atroz, siempre es atroz. Vos sos la guarida donde protegerme, guarida hueca. Ayer, una amiga (sabes quién) me dijo "de él siempre vas a tener un ochenta por ciento, el veinte que queda es imposible". No sé si será verdad... Lo que si sé es que muchas veces nos fundimos, parecemos siameses (en algún lado ya escribí esto), otras veces siento que soy tu sombra, otras veces, cuando hablamos de literatura, yo soy el malo, el crítico insoportable, vos sos el pibe bueno, que cree en lo colectivo. Quizás te encuentre detrás de las páginas de esos diarios que me enseñaste a leer o a la vuelta de la esquina, en un lavadero atendido por una china que dice que soy tu marido.... ¿Te acordás de esa tarde en Coroico, al lado de la cascada, los dos sin remera, con shorts, fumando y comiendo queque de platano? hay fotos de eso. Vos saliste hermoso con tu tatuaje en la espalda. Después fuimos a otra cascada y nos metimos, yo gritaba del frío y vos te reías. Ese relato te regalo hoy, para tamizar este momento de ausencias. Ahora, cada vez entiendo más la idea de esa escritora rusa de que el amor es la pérdida, la pura pérdida.